¿Malestar? El bienestar predomina en Chile
Mucho se ha discutido acerca de la existencia de un malestar que afectaría a todos los chilenos. De hecho, en 2013, la entonces candidata a la presidencia, Michelle Bachelet, sostuvo: "Sabemos que hay un malestar ciudadano bastante transversal. Lo hemos visto en los estudiantes, en su movilización por una educación gratuita y de calidad. […] La enorme desigualdad en Chile es el motivo principal del enojo". Pareciera que el culpable del malestar es la desigualdad y el modelo de desarrollo y que el antídoto son las reformas profundas a ese modelo.
Este año, el Centro de Estudios Públicos cumplió tres décadas haciendo encuestas. Para celebrarlos, dimos un paso adicional en el intento por conectar a la sociedad chilena con quienes se interesan en comprenderla, por medio de la publicación de un informe que aborda este tema (disponible en www.cepchile.cl).
¿Hay malestar en Chile? El informe muestra que un 82% de los consultados en 2015 afirmó estar satisfecho con su vida en general, 20 puntos porcentuales más que en 1995. Más aún, la satisfacción también creció en ese lapso, tanto en las relaciones con las amistades, los hijos y la pareja, como en las actividades laborales y recreativas, la salud y la situación financiera.
Claramente, aquí no se ve malestar. ¿Habrá malestar en el entorno cercano de las personas? Tampoco. La satisfacción con la vida atribuida a la familia y a los amigos es similar a la declarada por los individuos.
¿Dónde está el malestar? En las creencias sobre las vidas de los demás. Los chilenos perciben que el resto del país está menos satisfecho que ellos mismos, sobre todo aquellos que son más educados, que tienen más acceso a bienes de consumo, que consumen más información política cuando el contexto noticioso es muy negativo y que viven en la zona norte y centro del país. ¿Qué tienen que ver la desigualdad y el modelo de desarrollo con esta visión del malestar? Poco y nada. Si bien hay problemas (por ejemplo, bajo crecimiento, desconfianza en las instituciones políticas, investigaciones por corrupción y percepción de abuso en algunos mercados) que requieren solución, han generado una imagen negativa del estado de las cosas y una creencia de que el resto del país padece malestar, pero no han reducido la satisfacción de las personas con sus vidas. En suma, hay malestar, pero no en la vida cotidiana de los chilenos, sino en el mundo circundante, al cual sólo es posible acceder de manera mediada.