Beber hasta morir
Por Claudia Ternicier S.
En 2006 comenzaría a conocerse una nueva moda en cuanto a beber se refiere. Los rumores aseguran que un joven penquista sería el ideólogo. ¿Será verdad? Es probable, porque los de la Octava Región nos caracterizamos por generar “ideas brillantes”. Ficción o realidad, lo cierto es que la técnica de “El Africano” no tardó mucho en expandirse al resto del país. Y hoy, pese a que el boom por practicarlo ciertamente disminuyó, aún quedan los personajes de boca grande que gustan de beber su copete de un solo trago.
Lo peligroso es que beber se está haciendo poco y fome para los osados jóvenes, a quienes parece no importarles los riesgos. Otras prácticas que involucran el alcohol se están haciendo habituales en los carretes juveniles. El famoso “farol” nunca pasa de moda, siendo los cumplañeros u otros festejados los blancos de este ritual (este farol no alumbra, no alumbra este farol... échale parafina y alumbrará mejor). Menos conocido es el “Chilly Willy”, que consiste en aspirar alcohol puro. Al parecer, no ha tomado tanto vuelo en nuestro país... ¿pero cuánto faltará para ello? Ya algunas personas incursionan en el cuento.

Si bien Patricia (21) reconoce ser practicante habitual de “El Africano”, asegura que no sería capaz de prácticas más extremas. “Conozco gente que aspira cosas peores que copete. La verdad es que hay un límite para esas cosas, uno no puede andar respirando químico que se le cruce por delante y eso se ve en el estado en que queda la gente. Muchas veces son apagones muy profundos”.
La joven estudiante cuenta que en una oportunidad estuvo en una fiesta en que aspiraban cloroformo y “algo parecido al cloro, era una botella blanca”. El problema, agrega, es que a eso se suman los pitos y otras drogas.
Maximiliano (25) afirma haber “jalado” vodka en una oportunidad. “Fue de mono no más, pero se siente tan mal, tuve un bajón tan horrible, que nunca más quise hacerlo. Es algo totalmente destructivo”. Aunque agrega que en los carretes que frecuenta ésta es una práctica habitual. “Se comienza aspirando para no quedar tan mal y luego se continúa de la manera tradicional, o sea, tomando”.

Aún se practica
Tras conocer del “Chilly Willy”, “El Africano” parece juego de niños. Para quienes aún no saben en qué consiste este último, la idea es introducir en nuestra boca toda la superficie del vaso con la bebida alcohólica de preferencia (generalmente es ron, piscola o pisco solo) y ésta se toma al seco, de un solo trago. Debe su nombre a la dilatada forma en que quedan los labios.
“Hace un par de años comencé a hacerlo, tenía 19; estaba en un carrete y vi que alguien mayor que yo lo hizo, así que lo intenté y pude, aunque primero traté con poco copete”, relata Fernando López (21), quien agrega que lo hace sólo cuando sus amigos se lo piden, no “para quedar como el cabrón de la fiesta”.
Si bien explica que tiene una buena resistencia al alcohol, hace “El Africano” cuando aún no ha bebido mucho y con menos cantidad de pisco, porque él es fiel a la piscola.
Fernando recomienda a quienes quieran practicar esta modalidad que no se hagan el copete tan fuerte, que por supuesto sea sin hielo y sin limón, “y si es la primera vez, que lo hagan con una vaso a medio llenar o menos”.
Ver a hombres abriendo la boca a más no poder quizás nos cause risa, pero a una mujer... ver a una mujer sin duda nos sorprende.
Patricia cuenta que la primera vez que presenció un “africano” (el año pasado) estaba en un grupo de puros hombres, acompañando a su pololo de ese entonces. En esa oportunidad no quiso intentarlo, porque “no podía bajar el perfil”. En un carrete posterior, en el que estaba con puros amigos lo hizo. Por realizar esta “gracia”, ha sido blanco de las bromas. “Te tiran tallas ordinarias con respecto a las capacidades que uno puede tener; por eso no lo hago cuando estoy con mi pareja, porque si no se molesta”.
Tema aparte fue cuando se enteraron sus papás. “Me pillaron en un carrete que tuve en mi casa y al día siguiente me preguntaron qué estaba haciendo con el vaso metido en la boca. Mi papá se reía a pesar de la rabia que tenía”, revela.
Pese a todo lo divertido –“porque es una competencia de quién lo hace mejor”-, Patricia está consciente de que se trata de algo muy peligroso, “pues tienes que tragar todo el alcohol directo”.
Los que nunca faltan
Los riesgos asociados a estas prácticas no son pocos. De acuerdo a lo que señalan especialistas, la ingesta rápida y sin control del alcohol, sin una correcta deglución, puede producir una intoxicación etílica. Además, la violenta entrada de la bebida -en caso de “El Africano”- puede generar una ausencia de espacio de aire y derivar en la muerte de la persona. Mientras que la ingesta de alcohol por vía nasal produce irritación de la mucosa de la vía aérea, entre otros.
Según estimaciones de la OMS, serían unas dos mil millones de personas en el mundo las que consumen bebidas alcohólicas, consumo que causa 1,8 millones de muertes anuales.
De acuerdo al Informe Anual de la Situación de las Drogas en Chile 2006, la tasa de dependencia al alcohol es de 22,9% en jóvenes de 19 a 25 años, y de 18,7% en adolescentes de 12 a 18 años. Mientras que los hombres presentan tasas de bebedor problema que triplican a la de las mujeres, 35% y 11,4%, respectivamente. Por su parte, las tasas más altas de bebedor problema se localizan entre la población más joven, con 30,6% entre los jóvenes de 19 a 25 años, 28,6% entre los adolescentes de 12 a 18 años y 24,7% entre los adultos jóvenes de 26 a 34 años.
Cifras y testimonios que no nos pueden dejar indiferentes. Lo cierto es que nuestra capacidad de aburrirnos fácilmente y de buscar siempre experiencias nuevas y diferentes, nos están haciendo llegar a límites insospechados, quizás buscando popularidad, quizás intentando llamar la atención, o tal vez sólo por pasarlo bien. Pero ojo, que tanta “diversión” puede terminar en lamentos.