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Pésaj, la Pascua judía, no es sólo la conmemoración de una liberación nacional o religiosa. Se trata también de la celebración del tiempo recuperado para el hombre que de pronto es libre. El Exodo es recordado más de 150 veces en el Pentateuco, texto conciso y lacónico y en el que no se encuentran palabras que no sean imprescindibles. Pero, en cada mención, en cada símbolo, se expresa también afecto a la idea. El recuerdo sin devoción es sólo letra muerta. La retentiva humana es breve y necesita de sensaciones que la renueven. Pero, si la persona no practica la experiencia, tampoco obtiene nada con el recuerdo vacío. Esa repetitiva declaración de independencia de la casa de la esclavitud y de los intentos inacabados de extirpar los signos de la sumisión del corazón sirve para perpetuar la importancia de la libertad. Para enseñarnos que no la debemos olvidar. El recordar es preparación para el goce de lo obtenido, porque las acciones sucedieron y ahí están esperando que las hagamos propias. Pésaj, dicen quienes entienden la magia de las letras, puede leerse pe-saj, la boca que habla, queriéndonos significar que Pésaj, nos dio del verbo que habíamos perdido en la esclavitud. Nos devolvió la palabra, el derecho de opinión, la posibilidad de fluir en el conocimiento. Nos hizo humanos. El judaísmo no desea la sumisión al pesimismo ni a la desesperanza, quiere que cada ser sea realmente soberano. Celebra a quienes pueden unirse con libertad a su Creador. El tiempo como libertad La salida de Egipto nos entrega la posesión del tiempo donde antes hubo que aceptar su fijación por los intereses ajenos. El tiempo de amar y el tiempo de odiar, el de rasgar y el de coser, el de perder y el de guardar, el de la guerra y el de la paz, el de llorar y el de reír. Es el ser humano quien tiene la capacidad de decidir las etapas y los tiempos del hacer y del abstenerse de accionar. Los judíos conocieron el tiempo y determinaron o midieron las grandes y las pequeñas unidades. Los meses que varían eran fijados por el Sanedrín, y también las festividades que dependen del calendario. Debían venir los testigos para certificar que vieron las señales de la luna nueva y convencer a los jueces de que ya había neomenia. El tiempo judío es el de una serie de percepciones temporales, en forma de latidos, interiorizándolo y convirtiéndolo en lo que se llama duración y temporalidad. Los tiempos de verbo hebreo expresan acciones completas o incompletas. La Torá nos prescribe que: “Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año” (Exodo 12:2), antes de la décima plaga, cuando ya las campanas de la libertad están tocando. El mes será “para vosotros”, porque ustedes serán los amos de vuestro tiempo. Ahora ya se puede contar el tiempo propio y seguir dominándolo. ¡No más festejos de alegrías ajenas ni conmemoraciones de épicas dudosas y externas, obligados por decretos que no legislaron! ¡No más vivir del tiempo prestado o rentado! El midrash nos ilustra la magnitud de esa verdad al relatarnos que los ángeles del servicio le preguntaron al Santo Bendito cuándo es el día del juicio, y les respondió: “Vengan conmigo a preguntar al tribunal terrenal”. El tiempo de la libertad es la concesión más extraordinaria obtenida con la salida de la esclavitud. Nisán es el primer mes del año, porque es el original en el que se pudo decidir la potestad de tiempo. Sólo los esclavos no tienen tiempo, simplemente porque no les pertenece. “No tengo tiempo para nada, el trabajo me absorbe”, es frase de quien renuncia al goce de su disponibilidad. El hombre libre dispone del tiempo por formar parte intrínseca de su ser, de su libertad, no lo pierde, no lo regala, es celoso de ese bien. Dedicarse a surgir Sufrir la esclavitud y sentir la libertad dan una sensación diferente que evocarla. Quien no estuvo en Egipto y quien no pudo salir no siente lo mismo. De ahí las diferencias en los tiempos de conmemoración respecto de lo acaecido en Pésaj de Egipto. Quien está todavía hoy en el Egipto interior necesita de más tiempo para liberarse. No había tiempo, dirán algunos, en la salida. Había que dedicarse a surgir. Ello no es fácil. Salir de la esclavitud no da tiempo de expresar la alegría, aun si se sabe que es importante. Las acciones responsables, cuando se toman, se hacen seriamente. Además, no podía haber júbilo cuando hay seres humanos que sufren. “No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde”, leemos en voz del Rey Sabio en Proverbios 24:17. Pésaj nos obliga a aceptar la tarea de organizar nuestro tiempo y de descansar según nuestro deseo. Pésaj nos enseña a sacudir de nosotros a los caporales que nos empujan constantemente con sus vejámenes a servirlos. Pésaj nos invita a guardar las matzot y las mitzvot, para gozar nuestra unión con nuestro propio espacio, en nuestro encuentro doble con Macom, el Omnipresente, y nuestro macom-lugar, soberano sobre la faz de la tierra, al que pudimos llegar después de recibir la Palabra y vagar por el desierto. Pésaj da sentido a nuestra existencia en cuanto nos permite ubicarnos tanto en el tiempo espiritual como en el espacio, con identidad propia.
Angel Kreiman Brill Rabino de Concepción |