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Diario El Sur: En el “torín”de Cañete se vieron los gallos
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Concepción, Chile, lunes 12 de junio de 2006
Riñas, tradición en la provincia de Arauco
En el “torín”de Cañete
se vieron los gallos
  • Entre gritos y apuestas, cientos de aficionados alientan al escogido hasta que uno sucumbe.

Por Carolina Abello Ross.
     Foto: Edmundo Carrillo Godoy.
     
     La comparación entre un torín de gallos y un ring de boxeo es inevitable. Los gritos, las apuestas y hasta el lugar son similares a las luchas entre seres humanos. Para ellos, es un deporte “como cualquier otro”.
     Las apuestas corren. Los dueños se ponen con $10 mil como mínimo y los espectadores se gritan entre sí para hacer lo mismo. “¡Apuesto $5 mil al gallo negro!”, dice alguien y de inmediato, desde el otro lado, otro acepta el desafío.
     La partida está sellada, y al final del combate, el que pierde, paga.
     - “¿Y nadie se va si pierde..?”, pregunto cual novata.
     - “No, aquí nos conocemos, nadie haría eso”, responde de inmediato mi vecino espectador.
     Los minutos corren y los asistentes animan a gritos a los gallos, que atacan y se defienden a picotazos. Los 12 minutos reglamentarios por cronómetro avanzan y la pelea concluye cuando uno de los animales mata a su adversario o lo deja malherido y éste cae al suelo.
     “Aquí, el que muere, muere, se crían para eso, es cuestión de suerte”, explica Mario Muñoz (72), primer director del criadero de aves finas “Pedro de Valdivia”, en Cañete, que naciera hace 40 años, y donde ayer partía la temporada 2006.
     A primera hora, bajo una persistente lluvia, unas 200 personas se reunieron en un galpón de madera. Y acomodados en tablones, en una suerte de galería, la mirada fija en el ruedo, se disponen a no perder detalle de la cruenta lucha.
     Previo al combate, los jueces ya han pesado a los contendores. Un timbre anuncia a los dueños que deben llevar las aves al torín, y la algarabía es total.
     Hay gritos y silbidos. Y pese a la penumbra del lugar, el ambiente es de camaradería, pues todos, coinciden, se conocen. Sueltos en el ruedo, los contrincantes disponen de 12 minutos para hacer caer malherido o muerto a su rival. Vuelve a sonar la chicharra y uno, en brazos de su dueño, ha salido directo a la UCI.
     Concluía, así, una de las 15 peleas de la mañana, pero ellos pasarán, si es necesario, el día completo frente al ruedo.
     
     “Tenemos autorización”
     
     Mario Muñoz está consciente de que esta afición provoca polémica. Pero se defiende: “Esto es un deporte como las carreras a la chilena o los rodeos”, argumentó. Y aclara que su torín cuenta con todas las autorizaciones necesarias. “En Santiago y Valdivia también tienen permisos”, dijo.
     Muchas reglas rodean a las riñas de gallo. Pueden pelear desde que tienen un año de vida y las parejas deben ser aves finas. O mestizas, pero no mezclarlas porque -estas últimas- “son más brutas, más pesadas”. Combaten con “cachos” de plástico atados a las patas para agarrarse mejor y no se autorizan peleas entre socios del mismo torín.
     Esta tradición que comenzó en Chile con los españoles, hoy convoca a dueños de gallos hasta del extranjero. De Perú, Colombia y México llegan a Cañete para un campeonato que se realiza siempre en septiembre.
     Este año, la fecha aún es incierta.
     “Vienen acá porque los premios son buenos: ¡hasta una vaquilla se han llevado los ganadores!”, contó Mario Muñoz.

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